#NoEsCasa | La crisis de vivienda también tiene una cara extrema: el sinhogarismo
La vivienda ocupa hoy el centro del debate público. El acceso a una casa se ha convertido en una de las principales preocupaciones sociales y políticas, y cada vez son más las voces que reclaman medidas para garantizar este derecho.
Sin embargo, en medio de esta conversación existe una realidad que sigue quedando fuera del foco: la de las personas que no tienen un hogar.
Cuando hablamos de crisis de vivienda, no podemos invisibilizar a las más de 37.000 personas que se encuentran en situación de sinhogarismo en España. Porque si la dificultad para acceder a una vivienda es una de las expresiones de esta crisis, no tener un hogar es, sin duda, su consecuencia más extrema.
El sinhogarismo debe formar parte de las soluciones
En este contexto, desde HOGAR SÍ reclamamos que el fin del sinhogarismo forme parte de las respuestas que se están impulsando para afrontar la emergencia habitacional.
La reciente transferencia de los primeros 800 millones de euros del Plan Estatal de Vivienda a las Comunidades Autónomas supone una oportunidad para reforzar las políticas públicas de vivienda y garantizar que nadie quede atrás. Para lograrlo, es necesario que la provisión de vivienda asequible sea una prioridad y que se destinen recursos suficientes a programas dirigidos a las personas en situación de mayor vulnerabilidad.
Esto implica no solo aumentar el parque de vivienda asequible, sino también facilitar el desarrollo de soluciones eficaces como Housing First y Housing Led, modelos que han demostrado su capacidad para ayudar a las personas a recuperar una vida autónoma y estable.
El sinhogarismo va mucho más allá de vivir en la calle
Cuando pensamos en sinhogarismo solemos imaginar a una persona durmiendo en un banco o en un portal. Pero la realidad es mucho más amplia.
El sinhogarismo también afecta a quienes se ven obligados a vivir temporalmente con familiares o amistades, a quienes permanecen en alojamientos inseguros o inadecuados, o a quienes se encuentran institucionalizados sin disponer de un hogar al que regresar.
Hablar de sinhogarismo es hablar de personas que han perdido algo más que una vivienda: han perdido un espacio de seguridad, estabilidad y autonomía desde el que desarrollar su proyecto de vida.
Como señala José Manuel Caballol, director general de HOGAR SÍ:
«Cuando hablamos de crisis de vivienda no podemos olvidar a quienes sufren sus consecuencias más graves. Garantizar una vivienda digna también significa evitar que las personas pierdan su hogar o se vean obligadas a vivir sin él. Pero cuando esa pérdida ya se ha producido, debemos centrar nuestros esfuerzos en una atención temprana y eficaz que evite la cronificación del sinhogarismo y permita a cada persona recuperar cuanto antes una vida autónoma y estable».
A su vez, Marian Juste, presidenta de HOGAR SÍ, añade:
«No podemos conformarnos con gestionar la emergencia. Necesitamos políticas públicas que prevengan y resuelvan el sinhogarismo. Porque mientras haya personas obligadas a llamar casa a un banco, un portal o un cajero, la crisis de vivienda seguirá mostrando su expresión más extrema: las personas que, increíblemente todavía hoy, viven en la calle en España».
#NoEsCasa: una campaña para cuestionar lo que hemos normalizado
Con motivo del 10 de octubre, Día Mundial del Sinhogarismo, lanzamos la campaña #NoEsCasa, una iniciativa que busca visibilizar una realidad que la sociedad ha terminado normalizando.
Porque un banco no es una casa. Un portal no es una casa. Un cajero no es una casa.
Sin embargo, miles de personas siguen viéndose obligadas a utilizar estos espacios como refugio ante la falta de alternativas habitacionales.
La campaña pone el foco no solo en la ausencia de vivienda, sino también en la exposición constante, el estigma y los prejuicios que acompañan a quienes viven esta situación. A través de tres historias inspiradas en experiencias reales, mostramos perfiles y circunstancias muy diferentes para desmontar la idea de que existe una única forma de llegar al sinhogarismo.
Detrás de cada historia hay factores estructurales que siguen expulsando a las personas de su hogar: la falta de vivienda asequible, la pobreza, la discriminación o la ausencia de redes de apoyo.
No puede haber ciudades inclusivas mientras haya personas sin hogar
La campaña se enmarca en Octubre Urbano, la iniciativa impulsada por ONU-Hábitat para reflexionar sobre el futuro de las ciudades y el derecho al hábitat.
Para HOGAR SÍ, este contexto ofrece una oportunidad para recordar algo fundamental: no puede haber ciudades verdaderamente inclusivas mientras existan personas sin acceso a una vivienda digna.
Necesitamos políticas que prevengan el sinhogarismo, que actúen antes de que se produzca la pérdida de vivienda y que ofrezcan soluciones eficaces cuando esta situación ya se ha producido.
Porque mientras haya personas obligadas a llamar hogar a un banco, un portal o un cajero, la crisis de vivienda seguirá mostrando su rostro más duro y más injusto. Y esa es una realidad que no podemos seguir ignorando.
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